Felicidad interna bruta 

Autor: Lic. Renato Blanco

MICROECONOMÍA

03 / 2005  

Está por anunciarse la cifra del Producto Interno Bruto al segundo trimestre del 2002. Si la economía mexicana confirma su regreso al crecimiento (un esperado 2%), estaremos dejando atrás 3 trimestres consecutivos de puras “caiditas”. La noticia será buena después de tantas malas; sin embargo, esta cifra aislada no es sinónimo de la felicidad o el bienestar que todos andamos buscando.

Leyendo un estudio titulado “Gross National Happiness: Towards Buddhist Economics” de Sander G. Tideman (del cual reconozco haberme fusilado parte del título para este artículo), encontré un argumento del autor en torno al cual gira el tema de esta ocasión: al concentrarnos en la simple estadística del Producto Interno Bruto, no conseguimos distinguir los aspectos cualitativos del crecimiento; ¿crecimiento sano o insano? ¿temporal o sostenible? ¿Cuánto crecimiento necesitamos para mejorar la calidad de nuestras vidas? ¿Mucho o poquito? 

Según afirma Tideman, la ciencia económica padece una grave enfermedad: una ceguera parcial que impide estudiar la realidad tomando en cuenta todos sus aspectos (cuantitativos y cualitativos, tangibles e intangibles, etc.).

 El dilema de la Economía es cómo medir lo inmedible, cómo cuantificar lo no cuantificable. Y con este argumento Tideman concluye que la Economía clásica se ha quedado corta ante una realidad que es mucho más compleja. 

Para este autor, reducir las vidas y actividades de millones de personas a un mundo de libro de texto donde los hombres solamente compiten por recursos materiales escasos, es poco realista y obsoleto. Feliz es la persona capaz de consumir esos recursos e infeliz es quien no consigue consumirlos.

 Es un modelo en el que no caben los principios ni los valores porque son intangibles que no se pueden cuantificar.

 Lo único que importa es competir y maximizar la riqueza. Y vaya que hoy más que nunca habría que poner el dedo sobre el renglón después de conocer escandalitos como el de Worldcom, Enron o Andersen. 

Ante esta imagen incompleta de la realidad, Tideman plantea una visión budista de la Economía. El uso del FIB para complementar el PIB.

La "Felicidad Interna Bruta" como un indicador integral del desarrollo y la calidad de vida de los seres humanos. El único problema es que no nos dice exactamente cómo calcularla... Tal parece que lo incuantificable lo agarró desprevenido también. 

Los budistas dicen que la felicidad es un estado mental que va más allá de conseguir un nivel óptimo de consumo material, de riqueza o estabilidad económica.

 La felicidad no está determinada solamente por lo que tenemos o por lo que consumimos, sino también por lo que sabemos, por la manera en que manejamos nuestro capital intelectual, por nuestra creatividad y finalmente por lo que somos. Por tanto, lo que realmente importa no es lo que tenemos, sino lo que somos. 

La Felicidad Interna Bruta de una nación puede alcanzarse midiendo el desarrollo en términos del crecimiento económico pero además tomando en cuenta factores tan importantes como la educación, la salud, la seguridad pública y jurídica, el capital intelectual de la gente, la preservación de la cultura y la naturaleza, principios y valores, ética, libertad, competencia, etc. 

Según afirma Tideman, nos estamos dirigiendo hacia un nuevo paradigma económico donde los supuestos sobre los cuales se desprenden las estadísticas económicas son cada vez más realistas o humanizados.

 Es el paradigma de la economía humanizada. Factores cualitativos o intangibles están siendo cuantificados y tomados en cuenta para dar una fotografía más fiel de la realidad. 

Más allá de la maximización de los ingresos y de datos clásicos como el PIB, el consumo o la inversión, se están tomando en cuenta factores como la creatividad y el conocimiento, el know how y el capital humano, la calidad de vida de las personas, la salud y la seguridad personal, el futuro de las nuevas generaciones, costos ambientales como la contaminación del aire y el agua, etc.

 El índice del desarrollo humano de las Naciones Unidas es un buen ejemplo a estudiar para un siguiente artículo pues deja en claro que se necesita más que dinero para crear una sociedad civilizada. 

Quizá no haga falta diseñar complejos modelos para estimar qué tan felices somos. Tan sólo basta observar a la gente en la calle para darnos una idea de nuestra triste realidad. 

Termino por hoy con una cita de Tideman: "Para bien o para mal, la economía y los negocios no funcionan separados de nuestras decisiones, ya que sin nosotros no existirían. Así es que si queremos tener una mejor economía tenemos que observar a fondo quiénes somos y cómo vivimos". 

El tema da para más. Después le seguimos... 

 

Lic. Renato Blanco

Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM

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