Leyendo un estudio titulado “Gross National Happiness: Towards
Buddhist Economics” de Sander G. Tideman (del cual reconozco haberme
fusilado parte del título para este artículo), encontré un argumento del
autor en torno al cual gira el tema de esta ocasión: al concentrarnos en
la simple estadística del Producto Interno Bruto, no conseguimos
distinguir los aspectos cualitativos del crecimiento; ¿crecimiento sano
o insano? ¿temporal o sostenible? ¿Cuánto crecimiento necesitamos para
mejorar la calidad de nuestras vidas? ¿Mucho o poquito?
Según afirma Tideman, la ciencia económica padece una grave enfermedad:
una ceguera parcial que impide estudiar la realidad tomando en cuenta
todos sus aspectos (cuantitativos y cualitativos, tangibles e
intangibles, etc.).
El dilema de la Economía es cómo medir lo inmedible, cómo
cuantificar lo no cuantificable. Y con este argumento Tideman concluye
que la Economía clásica se ha quedado corta ante una realidad que es
mucho más compleja.
Para este autor, reducir las vidas y actividades de millones de personas
a un mundo de libro de texto donde los hombres solamente compiten por
recursos materiales escasos, es poco realista y obsoleto. Feliz es la
persona capaz de consumir esos recursos e infeliz es quien no consigue
consumirlos.
Es un modelo en el que no caben los principios ni los valores porque son intangibles que no se pueden cuantificar.
Lo único que importa es competir y maximizar la riqueza. Y vaya que
hoy más que nunca habría que poner el dedo sobre el renglón después de
conocer escandalitos como el de Worldcom, Enron o Andersen.
Ante esta imagen incompleta de la realidad, Tideman plantea una visión
budista de la Economía. El uso del FIB para complementar el PIB.
La "Felicidad Interna Bruta" como un indicador integral del
desarrollo y la calidad de vida de los seres humanos. El único problema
es que no nos dice exactamente cómo calcularla... Tal parece que lo
incuantificable lo agarró desprevenido también.
Los budistas dicen que la felicidad es un estado mental que va más allá
de conseguir un nivel óptimo de consumo material, de riqueza o
estabilidad económica.
La felicidad no está determinada solamente por lo que tenemos o por
lo que consumimos, sino también por lo que sabemos, por la manera en que
manejamos nuestro capital intelectual, por nuestra creatividad y
finalmente por lo que somos. Por tanto, lo que realmente importa no es
lo que tenemos, sino lo que somos.
La Felicidad Interna Bruta de una nación puede alcanzarse midiendo el
desarrollo en términos del crecimiento económico pero además tomando en
cuenta factores tan importantes como la educación, la salud, la
seguridad pública y jurídica, el capital intelectual de la gente, la
preservación de la cultura y la naturaleza, principios y valores, ética,
libertad, competencia, etc.
Según afirma Tideman, nos estamos dirigiendo hacia un nuevo paradigma
económico donde los supuestos sobre los cuales se desprenden las
estadísticas económicas son cada vez más realistas o humanizados.
Es el paradigma de la economía humanizada. Factores cualitativos o
intangibles están siendo cuantificados y tomados en cuenta para dar una
fotografía más fiel de la realidad.
Más allá de la maximización de los ingresos y de datos clásicos como el
PIB, el consumo o la inversión, se están tomando en cuenta factores como
la creatividad y el conocimiento, el know how y el capital humano, la
calidad de vida de las personas, la salud y la seguridad personal, el
futuro de las nuevas generaciones, costos ambientales como la
contaminación del aire y el agua, etc.
El índice del desarrollo humano de las Naciones Unidas es un buen
ejemplo a estudiar para un siguiente artículo pues deja en claro que se
necesita más que dinero para crear una sociedad civilizada.
Quizá no haga falta diseñar complejos modelos para estimar qué tan
felices somos. Tan sólo basta observar a la gente en la calle para
darnos una idea de nuestra triste realidad.
Termino por hoy con una cita de Tideman: "Para bien o para mal, la
economía y los negocios no funcionan separados de nuestras decisiones,
ya que sin nosotros no existirían. Así es que si queremos tener una
mejor economía tenemos que observar a fondo quiénes somos y cómo
vivimos".
El tema da para más. Después le seguimos...
Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM
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