La economía internacional encara un año 2005 menos brillante en términos de crecimiento que en 2004, pero con expectativas en general favorables .
Estados Unidos pasará de un crecimiento cercano al 4,5% en 2004 a
algo más del 3% gracias al vigor inversor de las empresas y a un consumo
privado todavía robusto, ayudado por la paulatina recuperación del
empleo; la principal preocupación reside en el control de los déficit de
la balanza comercial y del sector público, mientras que las tensiones
inflacionistas parecen lejanas.
Japón registrará un crecimiento débil, por debajo del 2%, más
fundamentado en la inversión para exportaciones que en el consumo
interior; el elemento positivo estará en la superación de la etapa
deflacionista, que junto con el mantenimiento del empleo y cierto vigor
en el sector de servicios debe afianzar la demanda interna.
La zona del euro tampoco alcanzará un crecimiento del 2% en 2005 , al
igual de lo que ha sucedido en 2004.
La causa de este menguado resultado se encuentra en la delicada situación de dos de las grandes economías de la eurozona, Alemania e Italia .
Ambos países se enfrentan al patrón de la demanda interna y al debilitamiento del sector exterior, resultado combinado de la apreciación del euro y de un entorno internacional menos dinámico, con lo cual se prevé un crecimiento del PIB no superior al 1,5% en ambos países en 2005.
Ante el escaso tirón de la demanda interior, los precios de consumo
no registrarán tensiones apreciables y se desacelerarán hasta quedar por
debajo del 2% en el promedio de 2005.
En este contexto, la Reserva Federal de Estados Unidos seguirá subiendo
su tipo de interés de referencia a lo largo de 2005, pasando de una
política monetaria muy relajada a otra con tendencia a la neutralidad.
Por su parte, el Banco Central Europeo mantendrá sus tipos de
referencia en los actuales niveles en los próximos meses, ante la frágil
situación de la actividad y la contención de las presiones
inflacionistas.
En cuanto a la economía española, en 2005 se prevé una moderación del
elevado crecimiento de la demanda interna .
El consumo privado se desacelerará ligeramente puesto que el aumento del empleo y las relajadas condiciones monetarias y crediticias se confrontarán a la moderación del ritmo expansivo de los salarios y las rentas familiares, que ya han acusado el impacto de la alta tasa de inflación en los últimos meses de 2004.
Por otra parte, la construcción mantendrá su firme pulso, aunque cabe
esperar una ligera moderación de su ritmo de avance en la segunda mitad
del año. También la inversión en bienes de equipo suavizará las altas
tasas de crecimiento actuales, ante los menores avances de la demanda
final.
Por el contrario, se espera que el sector exterior modere su déficit,
dada la menor presión de la demanda interior y pese a que no se esperan
avances en los mercados tradicionales de exportación, particularmente en
la Unión Europea. En suma, se prevé que el producto interior bruto
crezca en torno al 2,5%, tasa similar a la registrada en 2004.
En cambio, sí puede mejorar la tasa de inflación , con un descenso paulatino que la situaría algunas décimas por debajo del 3% a mediados de 2005, siempre y cuando se consolide el descenso del precio del crudo.
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