Sin lugar a dudas la confirmación de parte de Standard & Poors (S&P) de la calificación de grado de inversión (BBB-) a la deuda soberana de México de largo plazo en moneda extranjera es una noticia positiva.
Así hay que reconocerlo. Somos muy dados siempre a estar buscándole
el lado malo a las cosas; nos hace daño hasta lo que no comemos.
Sin embargo, también somos muy dados a exagerar y ver lo que no es. Por
esa razón hay que darle el lugar correcto a esta noticia.
Esta buena nota se suma al mismo reconocimiento que ya nos habían
otorgado las otras dos calificadoras (Fitch Ratings en enero pasado nos
dio también un BBB- y Moody´s en marzo del 2000 nos dio lo mismo sólo
que con otra nomenclatura, el Baa3 que hasta hace poquito subió de nuevo
un nivel a Baa2), sólo que S&P no daba su bracito a torcer desde hace
tiempo.
Ahora bien, ¿por qué es buena noticia el grado de inversión? ¿En qué nos
beneficia a nosotros los mortales quienes no tenemos acceso a los
mercados financieros internacionales? Pues mire, quizá esta respuesta no
le convenza demasiado ya que los beneficios nos llegan de manera
indirecta y diluida, pero créame que a pesar de que usted no vea un
mayor saldo en su cuenta bancaria el día de mañana, ni tal vez pueda
salir de inmediato a comprarse un carro del año por este motivo, los
beneficios se traducen en mayor confianza de parte del mundo para los
mexicanos.
Eso es todo, no se emocione; ni más ni menos, haga de cuenta que nos
regalaron "afecto", aunque con afecto y amor no se quita el hambre,
también eso es cierto.
Hoy confían más en nosotros que ayer. Suena a regalo de consolación
para los millones de habitantes de México cansados de vivir al día.
Las calificadoras se dedican a medir a través de sus ratings la
capacidad y la intención de pago en efectivo de un deudor (trátese de un
país, un estado, un municipio o una empresa).
Califican qué tan buena paga es ese deudor tanto en tiempo como en
forma, es decir, miden la probabilidad o el riesgo de incumplimiento de
quien debe un dinero o se va a endeudar.
Una mejor calificación soberana significa que el país se ha ganado la
confianza de la agencia calificadora como deudor cumplidor de sus
obligaciones financieras con el exterior.
Por lo general en la escala de calificaciones que manejan estas agencias
(que bien podría asemejarse a una escala del 0 al 10 aunque no en todos
los casos), existen dos grandes divisiones: los países cuyas inversiones
son consideradas como grado especulativo (del 0 al 5) y los países que
gozan del grado de inversión (del 6 al 10). De esta manera separan a la
hierba buena de la hierba mala.
Sin embargo la hierba buena también se puede echar a perder y sobre
todo cuando vuelve a los viejos vicios que había prometido dejar.
México acaba de mudarse por completo de la zona chatarra o especulativa
a una zona más "popis" donde ya no le hacen el feo ni los inversionistas
más desconfiados del mundo.
Sin embargo podríamos afirmar que se mudó apenas a unas cuantas cuadras de la antigua vecindad, se ubica apenas en la mera frontera entre el suelo de tierra y el empedrado. Le falta al país mucho camino por recorrer para poder ubicarse en la zona pavimentada, en un fraccionamiento residencial de lujo.
Hoy tenemos grado de inversión, eso es un hecho, pero también es
verdad que tenemos el más "chafita" de esos grados (solamente Moody´s
nos ubica a unas cuantas décimas por encima del grado de inversión más
chafita).
En general (y a reserva de algunos matices) las 3 calificadoras
consideran a México en este momento como un país con una capacidad
adecuada de pago de sus compromisos financieros con el resto del mundo.
Sin embargo, reconocen que cambios adversos en las condiciones
económicas podrían mermar la capacidad de pago del país en cualquier
momento.
Incluso Moody´s en la definición de su calificación mínima de grado de
inversión (Baa) menciona que la deuda de países situados en ese nivel
conserva ciertas características especulativas.
Son deudores confiables en el corto plazo pero podrían dejar de serlo
a la larga. Moody´s añade algo así como que "es deuda que no está ni
altamente protegida ni pobremente asegurada". Digamos que estamos a
media tabla.
En este momento los únicos países en América Latina que mantienen el
grado de inversión de parte de las 3 calificadoras que hemos mencionado,
son solamente México y Chile.
A Uruguay le acaba de quitar S&P su diploma de grado de inversión
ante el nerviosismo generado por el contagio del efecto tango. Podríamos
decir que México y Chile son los "Beverly de Peralvillo" o los pobres
más ricos de la región, aunque Chile supera a México por mucho en sus
calificaciones de riesgo.
Ahora bien, las ventajas más importantes que nos trae el famoso grado de
inversión podrían agruparse en la siguiente lista.
Aunque debo insistir en que son ventajas que nos llegan diluidas e indirectamente, ya que no se traducen en una mejor condición de vida en el corto plazo para nosotros los habitantes comunes y corrientes.
A final de cuentas quién puede esperar fabulosos resultados cuando
históricamente las cosas se han hecho a la carrera, mal hechas y nomás
para pasar la prueba con 6. Las ventajas son:
· Mayor confianza del mundo inversionista en la capacidad del gobierno
mexicano para pagar lo que le debe.
Si aún quedaban algunos fondos renuentes a invertir en México por cuestiones de seguridad o por simple prohibición dentro de sus estatutos, esto se acabó. El grado de inversión permite al más desconfiado de los inversores animarse a entrar a México.
Ahora la comunidad financiera internacional ya saluda al gobierno y a
las empresas mexicanas con todo y abrazo.
· Esto se traduce en una menor percepción del riesgo país que permite
reducir el componente real de las tasas de interés.
Esto lo vimos a lo largo de todo el 2001 cuando los mercados anticipaban la llegada del grado de inversión y se registraron las tasas de interés más bajas en la historia de México.
Con más confianza en el país, los inversionistas extranjeros
demandarán menos prima por riesgo en las inversiones mexicanas, es
decir, aceptan ahora que México les ofrezca tasas menores a cambio de
sus jugosos recursos.
· Empresas y gobierno podrán endeudarse a mayor plazo y a menores tasas
producto de la confianza renovada en el país.
Eso significa que empresas y gobierno verán ahorros en el pago de sus
deudas que permitirán a las primeras ser más competitivas al reducir sus
costos de capital y al segundo le implicarán una mayor disponibilidad de
recursos que antes estaban destinados a pagar intereses y ahora bien
podrían destinarse a otros programas o a reducir la carga de la deuda
pública.
· Esta mayor oferta de capitales internacionales permitirá a las
empresas destinar inversiones a la generación de nuevos proyectos que
impliquen más trabajo para el grueso de la población hoy desempleada.
Aunque hay que reconocer que no sentiremos una entrada de capitales
muy severa ya que las diferentes calificadoras fueron otorgando el grado
de inversión en distintos tiempos y por eso el efecto se ha difuminado.
· Incluso el tipo de cambio podría seguir apreciándose con esta lluvia
de capitales, lo cual ayudaría el Banco Central en su lucha por
controlar la inflación en este año de tantas presiones inflacionarias.
En fin ahí lo dejo con algunos beneficios que estoy seguro no lo
convencieron de las bondades de tal grado de inversión ni lo ayudaron en
su economía personal inmediata.
Para serle sincero a mí tampoco, sigo igual o peor que el año pasado.
Así que tómelo como cápsula cultural.
Con o sin grado de inversión seguimos siendo un país de vecindad tercermundista donde aún persisten mucha chatarra, hambre y pobreza que requieren de años y años de trabajo para erradicarlas.
El crecimiento sostenible del país depende de cuestiones que van más
allá de un simple diploma imagen que mide nada más si tenemos o no
liquidez suficiente para pagar nuestras deudas con el exterior.
El día que tengamos un diploma AAA con mención honorífica con toda razón
habrá que festejar en grande por todos esos avances; de momento a
guardar las botellas que sinceramente pasamos con la calificación más
modestita.
Así que en el próximo artículo seguiremos analizando esta buena pero
insuficiente noticia, mientras tanto, si usted gusta, puede presumir su
diploma invisible.
Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM
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