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Sus trabajos, conectados con los de Federico Engels sobre los mismos temas, dieron lugar a importantes elaboraciones y extensiones por parte de sus seguidores inmediatos en la Europa más capitalista tales como las de Karl Kautsky en la Cuestión agraria y las de quienes, como Eduard David polemizaron con Kautzky en la socialdemocracia alemana.
La fecundidad del estilo de análisis de Marx se hace visible en la
aplicación creativa de sus planteos en el Este más dependiente y
atrasado que aparece en el Lenin de El Desarrollo del Capitalismo en
Rusia y en los análisis cargados de destino que durante la primera
veintena del siglo produjeron el mismo Lenin, Nicolás Bujarin, Eugenio
Preobrazhensky, Rosa Luxemburgo o León Trotsky, así como más tarde en un
Sur en busca de su propia expresión representado, entre otros, por los
trabajos de Antonio
Gramsci sobre La Cuestión Meridional en Italia, por la visión andina de
José Carlos Mariátegui o la variante pampeana de Luis Boglich.
En obras decisivas para el desarrollo de la sociología agraria o rural,
como las de Max Weber o Chayanov, el marxismo funciona como interlocutor
central.
Diálogo polémico y dramático que a Chayanov le costó la vida.
Luego del largo período en que la sociología rural, en especial en los
Estados Unidos, queda bastante diferenciada del corpus de la sociología
al asumir una orientación fuertemente aplicada, se produce una
reintegración del análisis de lo agrario en el cuerpo de la Sociología
como disciplina integrada teórico-empírica alrededor de la década del
60: es entonces el enfoque marxista el que desempeña un papel central en
esa reintegración.
Eso es visible en la producción, europea, latinoamericana y asiática
y llega luego al campo de la misma sociología norteamericana.
El análisis del agro ocupa un lugar central en Marx en tanto está ligado
al esclarecimiento del papel fundamental que juega el agro en el
desarrollo y el funcionamiento del capitalismo.
Para él el agro es básico para el surgimiento del capitalismo,
luego, una vez establecido el sistema capitalista, el agro participa en
éste de forma diferenciada y, finalmente, condiciona fuertemente su
futuro.
Así, tal como es propio del estilo de indagación de Marx, el agro, el
campo, es analizado a la vez en cuanto parte del sistema capitalista
vigente y en cuanto inserto en un proceso histórico, en un pasado que
nos trae al presente y va delineando el futuro.
En sus trabajos sobre el campo encontramos una gran riqueza temática.
Las indagaciones se mueven desde un extremo de sistematicidad e integración con el análisis del capitalismo como sistema hasta otro en el que nos ofrece tratamientos de temas específicos y no sistemáticamente engarzados en el modelo de funcionamiento del sistema.
Encontramos un enfoque sistemático que combina el estudio de la estructura interna del sector con el funcionamiento general del sistema capitalista cuando Marx analiza la subsunción del agro y el funcionamiento de la renta e introduce las figuras del terrateniente, el arrendatario y el proletario rural así como también las del aparcero y el campesino, si bien otorgándoles a estas figuras posiciones marginales o transicionales.
Esto es lo que hace en los Tomos I y III de El Capital.
El extremo opuesto a estos análisis sistemáticos está presente en sus discusiones sobre la actuación de fracciones agrarias como el campesinado o los terratenientes en momentos históricos específicos, como es el caso de su examen de la acción campesina en la Francia de mediados del siglo XIX.
A mitad de camino entre estos dos extremos se sitúa su discusión de
la relación campo-ciudad, que encontramos en La Ideología Alemana, o sus
intentos analíticos de las Formaciones Económicas Precapitalistas o del
Capítulo VI inédito de El Capital y más en general sus referencias al
papel histórico del agro en el surgimiento del capitalismo en el Tomo I
de El Capital.
A su vez todos estos análisis, los más sistemáticos y los menos
sistemáticos forman parte de un gran fresco histórico que si bien
incluye momentos evolucionistas explora también una diversidad de
desvíos y variaciones.
Para captar el conjunto de las preocupaciones de Marx como fundador de
un enfoque del agro y practicante de una variedad de estilos de análisis
sobre el tema resulta necesario tomar en cuenta los aportes de Engels.
En efecto, Engels en algunos casos explica que sus trabajos desarrollan una problemática que Marx quería abordar, como en El Origen de la Familia, la Propiedad Privada y el Estado, y en otros directamente completa textos incompletos de Marx, tal como ocurre en el Tomo III de El Capital. Además algunos textos básicos los escribieron conjuntamente, como La Ideología Alemana.
Finalmente, algunos textos de Engels representan una visión
independiente y original que influyó sobre Marx o completó el enfoque de
éste: podemos citar aquí Las Guerras Campesinas en Alemania o fragmentos
de La Cuestión de la Vivienda.
Los estudios de momentos específicos y los análisis sistemáticos se
elaboran a partir de la gran pregunta acerca de la especificidad del
capitalismo, de las condiciones que lo hacen posible y de las
contradicciones que van delineando su superación.
Para esa pregunta es central entender cómo la producción agraria, central durante la gran parte de la historia, es desplazada de ese centro por la industria en una sociedad en que se generaliza la explotación salarial, la acumulación y el mercado. Marx se siente privilegiado por haber estado siguiendo el desarrollo de Inglaterra durante una veintena decisiva de años entre la tercera y la quinta década del siglo XIX, pues culmina allí el proceso que otorga centralidad al capital industrial.
Eso deja definida la tarea de Marx como analista de la agricultura: comprender y explicar cómo ésta sigue desempeñando un papel en el capitalismo al consolidarse el proceso que en los Grundrisse es caracterizado como la pérdida por parte de la agricultura del papel de “producción que asigna a todas las otras su correspondiente rango e influencia” pues ésta ha dejado de ser definitivamente “la iluminación general en que se bañan todos los colores y que modifica las particularidades de éstos...
ese éter particular que determina el peso específico de todas las formas de existencia que allí toman relieve” A ese cambio de luz le acompañan dos grandes fenómenos de redefinición de la estructura agraria: el surgimiento de las categorías sociales del agro capitalista y la desaparición o transformación de los agentes agrarios provenientes de épocas anteriores.
La transformación del agro venía gestándose desde hacía siglos y era
precondición fundamental para el surgimiento del capitalismo: el acceso
directo a la tierra debía desaparecer para que el obrero libre, ni
productor directo ni esclavo pudiera aparecer y convertirse en
asalariado.
Ese proceso de transformación de las relaciones internas en el agro es
acompañado de la modificación de las relaciones entre el agro y el resto
de la economía, entre el campo y la ciudad.
El núcleo del análisis sistemático es el del análisis de las relaciones
entre propietarios del capital invertido en el campo, propietarios de la
tierra y vendedores de fuerza de trabajo conectados a través de un
proceso de explotación y acumulación en el que se genera ganancia, la
que asume la doble forma de ganancia capitalista y de renta.
Así la teoría de la renta de Marx es uno de los momentos de más esforzada construcción teórica de una categoría que debe satisfacer dos requisitos: debe ser integrable con el sistema conceptual general y debe dar cuenta de un cambio histórico.
En efecto, la renta, fenómeno preexistente al capitalismo, se transforma al encontrarse el capitalismo con el límite no propiamente capitalista que representa la propiedad de la tierra y la categoría renta capitalista debe recuperar ese carácter histórico y al mismo tiempo ser compatible con los conceptos básicos utilizables para el análisis del nuevo sistema.
Los resultados de ese encuentro son presentados como componentes a
la vez necesarios y superables del capitalismo.
Su carácter de necesarios tiene que ver con una historia, con un pasaje
que también se intenta analizar a partir de una teoría del surgimiento
del capitalismo.
En este punto el análisis histórico se vuelve sistemático.
Pero la riqueza de la historia, no reductible al modelo teórico
sistemático, se impone a través de tres evidencias. Por un lado, la sola
riqueza de lo concreto histórico tal como aparece en estudios de la
Francia decimonónica o de las tribus germánicas.
En segundo lugar, la resistencia a desaparecer por parte de las categorías no plenamente capitalistas como los campesinos o algunos tipos de terratenientes tradicionales imponen una mirada distinta.
Finalmente, el incumplimiento de algunas relaciones básicas dentro del sistema, como por ejemplo la no subordinación del capital comercial al industrial empujan a considerar niveles de especificidad que desafían al modelo teórico.
Así lo menos sistemático, el estudio de situaciones concretas no es
sólo una ilustración de la teoría sino más bien una confrontación con
una empirie que es difícil encuadrar en la teoría.
Una similar forma de confrontación es la que va realizando Marx con
otros estudiosos, teóricos o ideólogos mientras él va construyendo sus
categorías.
Combates más o menos exitosos con Rodbertus en La Historia crítica de
las teorías sobre la plusvalía o con Proudhon en La miseria de la
filosofía son una muestra del proceso de construcción del pensamiento
propio a través de encuentros en general polémicos con otros autores, en
los que el esfuerzo por entenderlos va pasando poco a poco a convertirse
en una elaboración de ideas nuevas que no se desprenden ni de sus raíces
ni de los presuntos yuyos que se enredan con sus raíces.
En esta elaboración Marx rehace cuidadosamente el pensamiento de un autor al que está refutando, como Rodbertus, lo confronta con el de un autor al que continua críticamente como Ricardo o con el de un pensador al que quiere destruir como Malthus.
En esos enfrentamientos-confrontaciones recorre todos los niveles de
la realidad y la teoría mechando consideraciones que van desde la
descripción del proceso de crecimiento de una semilla a la concepción
del papel del trabajo, del crecimiento económico o del sentido de la
vida, temas que se entreveran con la captación polémica de los textos
que lo desvelan.
Construir teoría sistemática, pensarla como teoría de un momento del
proceso histórico, situar a este momento en la historia en su conjunto,
incluyendo en ella el futuro y los pasos a dar en el presente para
acercar un futuro más deseable, utilizar la teoría para definir agentes
sociales y ver a éstos en su actuación en situaciones concretas, hacer
todo eso aprovechando el saber existente y luchando a brazo partido con
él, con lo que ofrece la economía naciente, la historia, la biología, la
ciencia agronómica, la literatura clásica, la filosofía: todo eso fue
parte del trabajo cotidiano de Marx y está presente en las obras en que
se ocupa del agro, su estructura, su historia, su lugar en la sociedad.
Nota:
Una versión previa de este texto fue publicado como “Carlos Marx y el
agro: una introducción” en Estudios Rurales: Teorías, problemas y
estrategias metodológics, Norma Giarracca (coord.), Editorial La
Colmena, Buenos Aires, 1999
Universidad de Buenos Aires Aportado por: Revista Trabajo y Sociedad, Indagaciones sobre el empleo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas.
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