Dos cuestiones en especial resaltan de este drama: la bajísima tasa
general de desempleo abierto que se registra cada mes y que no concuerda
para nada con el sentimiento general de la población de un fuerte
deterioro en la generación de empleos. ¿Será que nos engañan? Yo le
diría en términos estrictos que no, sólo que también habría que revisar
la calidad de ocupación que tienen las personas que el INEGI (Instituto
Nacional de Geografía, Estadística e Informática) señala como
empleados.
La otra cuestión a revisar es la pésima broma que nos juega el mercado
laboral mexicano: en este país batallan enormemente para encontrar un
buen trabajo los egresados que han dedicado años de su vida a estudiar y
prepararse en las universidades, mientras que quienes deciden "no perder
el tiempo" en la escuela encuentran trabajo más fácilmente y mejor
pagado. Paradójico pero cierto.
No es necesario ser especialista, analista económico ni mucho menos,
para darnos cuenta que la economía mexicana lleva años siendo incapaz de
generar la cantidad de empleos formales necesarios para cubrir al total
de una fuerza laboral que crece y se estanca más día con día.
El presidente Fox acaba de anunciar que en las últimas 3 quincenas de este año (la segunda enero y todo febrero) se han creado 85 mil empleos nuevos, buena noticia, sin embargo no menciona que en la primer quincena de enero solamente se perdieron 153 mil plazas formales de trabajo.
De acuerdo al INEGI, en todo el 2001 se perdieron poco más de 382 mil
empleos formales, mientras que analistas privados hablan de una cifra
por encima de los 400 mil puestos perdidos.
Banco de México calcula que en el 2001 se integraron a la fuerza laboral
cerca de 930 mil personas y para el 2002 estima que serán 950 mil más.
Agrega que en los próximos 6 años se necesitan crear 985 mil empleos al
año para satisfacer el crecimiento natural de la PEA (Población
Económicamente Activa).
Si el PIB crece durante ese lapso a una tasa promedio anual del 4% se
generarán cerca de 813 mil empleos por año; mientras que si la tasa
promedio llega al 5% anual, se generarán más de 1 millón de empleos por
año.
Los datos son dramáticos al compararlos con la mínima cantidad de
trabajos formales que en realidad se han generado.
En el 2001 se perdieron cerca de 382 mil puestos formales; así que súmele 930 mil empleos no creados más 382 mil perdidos, nos da un total de 1 millón 312 mil puestos que se dejaron de crear el año pasado. Ahora veamos lo que nos espera en el 2002: la Secretaría de Trabajo se ha puesto como meta crear 300 mil empleos formales en el año, que al compararlos contra el crecimiento esperado de la PEA de 950 mil personas, nos da un total de 650 mil puestos más en el aire.
Sacando el acumulado para los dos primeros años del presidente Fox,
llegaríamos a un déficit de 1 millón 962 mil empleos que se dejarán de
crear y que se ven imposibles de recuperar ni aún después de que termine
este sexenio.
Mire lo que son las cosas, la tasa general de desempleo abierto (TGDA)
de enero se ubicó en 2.98% de la PEA. Esto significa que poquito más del
97% de la PEA está empleada.
Solamente en febrero de 1999 se había registrado una tasa de
desempleo más alta que ésta (3.2%). Llevamos casi 3 años sin registrar
una tasa mensual de desempleo superior al 3% y más de 6 años sin tocar
un desempleo superior al 5%. ¡Qué barbaridad!
Ya hasta parecemos economía en pleno empleo. Incluso el presidente Fox
ha llegado a presumir que nuestras tasas de desocupados son más bajas
que las que registran EUA, Canadá o varios de los países de la Unión
Europea. Si tan sólo se tratara esto de comparar numeritos, pues
realmente habría que aplaudir estas tasas tan exóticas como únicas en el
mundo.
Sin embargo, si esto fuera cierto, la mayoría de los ciudadanos no se
quejaría a diario de que no hay chamba. Se me ocurre pensar que
empezaríamos a ver en las calles de la ciudad a ambulantes gringos,
tragafuegos italianos, cuida coches franceses y limpia vidrios
españoles.
Al subirnos al minibus nos tocaría escuchar los chistes de payasitos alemanes, o bien, al ir a comer a algún restaurant nos tocaría que nos atendieran meseros y bar tenders ingleses.
En fin todos estos desempleados saldrían de sus países en busca del
"sueño mexicano".
Medir de este modo el desempleo (nos dice el INEGI que abarca a
"personas de 12 años y más que en el período de la encuesta no
trabajaron ni una hora a la semana, pero realizaron acciones de búsqueda
de un empleo asalariado o intentaron ejercer una actividad por su
cuenta") es válido. Las definiciones del INEGI están a la mano de todos
y no se pretende ocultar información alguna.
Lo que no se vale es presumir algo que no tenemos y hacer creer que esa tasa de desempleo corresponde a la realidad laboral del país. Ya somos demasiados los desempleados como para tragarnos un cuento tan fantasioso como ese.
Existen otros indicadores que resultan más adecuados para explicar
el verdadero comportamiento del mercado laboral mexicano y sería preciso
que nuestras autoridades los ventilaran más seguido en vez de hacerse de
la vista gorda.
No es ninguna noticia nueva comentar que nuestro verdadero problema está
en el subempleo, es decir, hacer un uso incompleto de nuestra capacidad
productiva en alguna actividad carente de condiciones laborales
adecuadas.
Aquí en México la gente no cuenta con seguro de desempleo como en los países desarrollados y por lo mismo no puede esperar mucho para ganarse unos pesos. Aquí el que se queda sin chamba y no se mueve rápido no come.
El enorme déficit acumulado de puestos de trabajo formales orilla a la fuerza laboral a refugiarse en la economía informal y el subempleo para poder comer. Calcula el INEGI que el 46% de la población ocupada en México está chambeando en la economía informal.
Los ingenieros se ven obligados a convertirse en tiangueros, los
licenciados en taxistas, los abogados en taqueros, los mercadólogos en
vendedores ambulantes y los doctores en cantantes de camión. Un
desperdicio obligado de talento.
Una gran cantidad de personas, y en especial jóvenes talentosos y bien
preparados, se enfrenta a un mini mercado laboral que les cierra la
puerta y los margina en la informalidad. El país está desperdiciando el
potencial de millones de personas que podrían generar mayor valor
agregado. La gente se dedica a todo menos a lo que sabe hacer o conoce.
El hambre mueve a miles de personas a aceptar puestos de trabajo mal pagados o en condiciones lejos de ser adecuadas. Y este problema de subempleo es el que precisamente no contabiliza la tasa general de desempleo abierto.
Esta tasa es demasiado amplia y mientras una persona haga lo que sea
a cambio de pesos, considera que el individuo está trabajando a pesar de
las enormes diferencias que puedan presentarse.
En cambio si yo le hablo de la Tasa de Ocupación Parcial por menos de 35
horas a la semana y Desempleo (TOPD2), lo más seguro es que usted nunca
la haya escuchado y eso que INEGI la publica desde 1995. Es por eso que
no se vale que desvíen nuestra atención a indicadores francamente
ficticios.
Pues fíjese que esta TOPD2 podría ser el indicador más fiel y realista
de la situación laboral en México porque encierra en un solo dato los
problemas del desempleo y el subempleo.
La TOPD2 muestra la proporción de personas desempleadas y de ocupados que laboran menos de 35 horas a la semana, respecto a la PEA. Este indicador, a diferencia de la TGDA, ya separa a un profesionista que trabaja en Cemex de un payasito o un vendedor ambulante que "trabaja" solamente 3 mañanas de la semana para sacar algunos pesos en las calles.
Aquí los números ya no son tan bonitos, ya no le ganamos a EUA, a
Canadá ni a los europeos. Simplemente en enero este indicador (TOPD2)
registró una tasa del 21.8% de la PEA. Eso se ajusta más a nuestra
realidad.
En fin, parece que el problema sigue creciendo, no vemos soluciones ni
expectativas favorables y el gobierno no halla ni sabe que hacer.
Las salidas de los desempleados seguirán siendo las mismas de
siempre: más paciencia para quienes puedan aguantar (aquí caben todas
las personas sin chamba que afortunadamente en este momento no necesitan
de un trabajo para poder comer pero que buscan desesperadamente día con
día una oportunidad laboral), la informalidad, emigrar a EUA o a Europa
de ilegales, mentir e inventar experiencia inexistente a cambio de un
trabajo en lo que sea (clásico truco de los mil usos) o en el extremo
caso hay quienes llegan a la delincuencia.
De seguir así tal parece que el circo urbano seguirá de temporada en
México durante varias décadas. Es triste aceptar que un país de
payasitos, malabaristas de naranjas, limpia vidrios, tiangueros, cuida
coches y ambulantes no tiene finta alguna de prosperar.
La realidad es dura pero nuestro nivel es ese. Seguiremos analizando el tema y haciendo corajes en el siguiente artículo. Por lo pronto, si sabe de alguna chamba, ya sabe que aquí se busca.

Lic. Renato Blanco Licenciado en Administración Financiera por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey ITESM
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